Estas motos icónicas de Honda lo ganaron todo en los años 90: ¿cómo se verían en la actualidad?
Se trata de dos modelos de Honda que despertaron el interés de más de un usuario. Te contamos los detalles.

Las Honda CBR400RR y VFR400R NC30 ocupan un lugar especial en la historia de la marca del ala, y el reconocido artista Kardesign las reinterpretó para aventurar un posible regreso.
Ambas motos deportivas en cuestión son dos creaciones digitales realizadas por el diseñador británico. Y si bien son casos hipotéticos, son dos propuestas que respetan su esencia, pero están adaptados a la era moderna y que despierta el interés de más de un usuario.
Kar Lee, responsable del proyecto Kardesign, se destaca por tener un reconocimiento especial dentro del sector por la calidad de sus montajes y por una capacidad casi premonitoria para anticipar diseños que, en más de una ocasión, terminaron materializándose en motocicletas reales con un sorprendente parecido. ¿Sucederá con estos modelos icónicos de Honda?
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Cómo sería el regreso de las Honda CBR400RR y VFR400R NC30

Las reinterpretaciones de Kardesign logran trasladar toda esta herencia a un lenguaje visual actual, manteniendo intacta la esencia deportiva que definió a ambas motocicletas. Tanto la CBR400RR como la VFR400R NC30 -que incluiría un motor V4 actual- aparecen modernizadas sin traicionar el espíritu de exigencia, detalle y radicalidad que las convirtió en referentes.
A pesar de que existen en formato digital, estas recreaciones reavivan el debate sobre el posible regreso de las deportivas ligeras de cuatro cilindros. Un ejercicio de nostalgia que, al menos por ahora, permite soñar con el retorno de una de las épocas más brillantes de la historia de Honda y del motociclismo deportivo en general.
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¿Por qué son míticas estas Honda?

Las nuevas creaciones de Kardesign apelan directamente a la memoria colectiva de la década de 1990, una etapa considerada por muchos como la edad dorada de las deportivas ligeras japonesas. Este periodo estuvo marcado por la intensa competencia entre las 350 cc de dos tiempos y las 400 cc de cuatro tiempos y cuatro cilindros, que se disputaban el protagonismo tanto en la calle como en los circuitos.
Aquellas motos deportivas, prácticamente, eran lo más parecido a las superbike de 750 cc de la época. Chasis de aluminio, motores de cuatro cilindros alimentados por cuatro carburadores, horquillas invertidas, geometrías radicales. Estaban equipadas con motores de 400 cc capaces de erogar 60 caballos, girando por encima de las 16.000 rpm, y pesos contenidos entre los 150 y 160 kilos.
Dentro de ese contexto surgieron modelos icónicos como la Honda CBR400RR, la Yamaha FZR400RR, la Kawasaki ZXR400R o la Suzuki GSX-R400. En el caso concreto de Honda, la gama se ampliaba con dos variantes muy especiales en configuración V4: la VFR400R NC30, considerada una versión «mini» de la RC30, y la RVF400R NC35, inspirada directamente en la RC45.
Así era la Honda CBR400RR NC29

En el caso de la CBR400RR, este modelo alcanzó su máximo exponente con la versión NC29, presentada en 1990 para incorporarse a la gama de la marca del ala en su mercado doméstico. Formaba parte de un segmento creado específicamente para Japón, condicionado por estrictas normativas de potencia y velocidad máxima, lo que convirtió a las 400 cc en la solución ideal para los usuarios más deportivos.
La NC29 representaba la tercera y última evolución de la saga iniciada en 1986 con la NC17, una Honda CBR600 F1 a escala, seguida en 1988 por la NC23, que ya adoptaba una estética más agresiva con doble óptica delantera y asiento a dos alturas. La versión final incorporó mejoras sustanciales, como un nuevo basculante trasero tipo gull-arm, un chasis doble viga de aluminio y una clara obsesión por la reducción de inercias mediante la optimización del reparto de pesos.
Su motor tetracilíndrico de 399 cc, con 16 válvulas y una relación de compresión de 11,3:1, entregaba 59 CV a 12.500 rpm de forma autolimitada, alcanzando una velocidad máxima restringida a 180 km/h. Con modificaciones en encendido, escape y carburación, podía superar ampliamente estas cifras, lo que reforzó su fama en algunos mercados europeos. A todo ello se sumaba una parte ciclo de primer nivel, con suspensiones Showa, frenos de alto rendimiento y una calidad de acabados que terminaron por consolidar su estatus de objeto de culto.
¿Cómo era la Honda VFR400R NC30?

Cuando la marca del ala dorada presentó la VFR400R NC30 a finales de 1988, su objetivo no era liderar las ventas ni ofrecer una moto polivalente. Con este deportiva buscó demostrar su poderío tecnológico con una máquina directamente derivada de la competición y heredera conceptual de la VFR750R RC30.
Equipada con un motor V4 de 399 cc derivaba de las Honda RVF400 de competición que disputaban campeonatos en Japón. Soluciones técnicas como el calado a 360 grados, la distribución por cascada de engranajes o los árboles de levas alineados con las válvulas buscaban mantener el sonido de la moto de circuito. Elementos como las bujías de pequeño diámetro o la alimentación a través de carburadores Mikuni reforzaban su carácter exclusivo.
Con 59 CV declarados a 12.800 rpm y un régimen máximo que superaba las 15.500 rpm, la VFR400R ofrecía un rendimiento sobresaliente, incluso con la velocidad limitada en Japón. Honda llegó a ofrecer un kit de preparación para alcanzar los 72 CV, acompañado de mejoras en escape, carburación y estabilidad. Con un peso en vacío de 164 kilos, un chasis de doble viga de aluminio y un basculante monobrazo Pro-Arm, la NC30 se consolidó como el punto culminante de una saga legendaria.
