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Kawasaki W650 de Heiwa: 676 cc y chapa hecha a mano para andar todos los días, no para ganar trofeos

El resultado confirma por qué la W650 sigue siendo una base vigente casi dos décadas después de su último año de producción y por qué el método Heiwa no pierde terreno frente a la moda del kit.

Kawasaki W650 de Heiwa: 676 cc y chapa hecha a mano para andar todos los días, no para gan

El motor bicilíndrico en paralelo de 676 cc que Kawasaki instaló en la W650 entre 1999 y 2007 no es un prodigio de potencia: entrega 48 a 50 CV según mercado, con 56 Nm de par. Lo que lo volvió deseable es otra cosa. Tiene cigüeñal calado a 360°, distribución por engranajes cónicos y un sonido que remite directo a las británicas de los años sesenta, sin exigir mantenimiento de museo. Sobre esa base, Kengo Kimura y su taller Heiwa Motorcycle, en Hiroshima, armaron una custom de calle donde el tanque y el asiento se trabajaron a mano con obsesión por la proporción. El pedido fue simple: una moto para andar todos los días, no para ganar trofeos.

Un motor confiable con alma de británica clásica

kawasaki w650 de heiwa 676 cc y chapa he

Cuando Kawasaki presentó la W650 en 1999, la intención era recuperar el espíritu de las clásicas británicas sin las complicaciones de una Triumph o una BSA de la época. La arquitectura manda: bicilíndrico en paralelo refrigerado por aire, cigüeñal a 360 grados y un detalle poco común, la distribución por engranajes cónicos en lugar de cadena o correa. Eso le da un silbido característico y una respuesta inmediata al acelerador.

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La W650 modelo 2003 que llegó al taller de Hiroshima mantiene ese esquema. Caja de cinco velocidades, transmisión por cadena y una potencia que no asusta, perfecta para el uso diario. Por eso se convirtió en base recurrente del custom japonés, europeo y estadounidense: ofrece tacto clásico y arranque confiable, dos cosas que rara vez conviven en una café racer de exportación.

La W650 y el fantasma de la Bonneville

kawasaki w650 de heiwa 676 cc y chapa he 1

En los años sesenta, la Triumph Bonneville marcaba la vara de las bicilíndricas. La W650 no nació como réplica exacta, sino como una interpretación japonesa con ingeniería propia en el árbol de levas y la distribución. Ese desvío le dio la confiabilidad que las originales no tenían, y con el tiempo la convirtió en la base preferida de muchos talleres de custom. Hoy una Bonneville clásica pide cariño constante; una W650, en cambio, arranca, regula y se deja usar.

El método Heiwa: chapa artesanal y proporciones

Kengo Kimura no trabaja con kits. En Heiwa Motorcycle, la chapa se corta, se suelda, se plancha y se pule a mano hasta que la línea entre el tanque, el asiento y la rueda trasera queda equilibrada. En esta W650, el tanque y el asiento se construyeron a medida según el gusto del dueño, que pidió una estética old-school japonesa, sobria y sin estridencias.

Las terminaciones no son perfectas de fábrica y eso es exactamente lo buscado. Se notan la curvatura de transición del tanque al asiento y las costuras del tapizado, elementos que hacen que cada moto sea irrepetible. Kimura piensa como artesano, no como fabricante de show bikes: primero la proporción, después el detalle.

Por qué esta W650 no nació para ganar Yokohama

El Yokohama Hot Rod Custom Show es la vidriera máxima del custom japonés y Heiwa es un referente de esa escena. Sin embargo, el encargo detrás de esta W650 apuntó al lado opuesto: una moto para el tránsito diario, con asiento cómodo, luces, guardabarros y una postura razonable. No hay cromados excesivos ni soluciones que compliquen el arranque en frío.

Esa decisión define el carácter del proyecto. No se trata de una pieza para aplaudir en un salón, sino de una W650 que se estaciona en la puerta del trabajo y se usa aunque llueva. El motor confiable y la chapa artesanal cumplen la misma función: que la moto se disfrute en movimiento.

El resultado confirma por qué la W650 sigue siendo una base vigente casi dos décadas después de su último año de producción y por qué el método Heiwa no pierde terreno frente a la moda del kit. Mientras otras preparaciones buscan impacto, acá el valor está en el equilibrio de la línea y en un sonido que invita a salir a rodar.