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Frente a frente: Vintage medias

Corren tiempos en los que se exige que todo esté etiquetado. Las modas son así. Un nombre te identifica. Tu estilo, también. En ese caso, ¿cómo denominarías a nuestras cuatro protagonistas de este Frente a Frente? ¿Vintage, neoretro, clásicas, "old school"...? Como quieras. En realidad, ellas van mucho más allá de cualquier tipo moda, sea o no pasajera. Ducati Scrambler Match 2.0 | Moto Guzzi V7 III Carbon | Triumph Street Twin | Yamaha XSR700

Hoy día no es fácil encontrar una moto que no responda a tus necesidades. Si las tuyas pasan por una estética impactante, basada en colores, líneas y diseños inspirados en el siglo pasado, poné mucha atención a este Frente a Frente. Si englobás a las motos por grupos, como solemos hacer en una prueba como esta, podríamos caer en la tentación de encasillar a las protagonistas (o incluso dejar en el tintero a alguna que otra). Precisamente por esta razón, cada una pretende ser «única y especial», con visiones ciertamente distintas o muy personales de lo que se considera vintage, por denominarlo de un modo muy común hoy día.

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Entre las motos afines a esta corriente, Ducati con su saga Scrambler ofrece esa peculiar mezcla entre lo urbano y lo rústico, y el asfalto y los caminos de tierra. Si te gustan las motos y el surf, por ejemplo, no sería extraño que la Match 2.0 te entrara por los ojos. Además, si Ducati ha llamado a las puertas de Roland Sands será por algo y, aunque el americano en cuestión haya desplegado sus habilidades en otras marcas de distintos continentes, no ha rechazado «vestir» a una moderna Scrambler como las que está produciendo Ducati en sus cadenas de montaje. El resultado es una moto visualmente irresistible y dinámicamente embaucadora.

Pero como Italia fue, es y será la cuna del diseño por excelencia, no podía faltar otra gran clásica deportiva como Moto Guzzi. Una marca que desplegó sus alas durante los primeros pasos del Mundial de velocidad y que hoy explota al máximo sus raíces «setenteras» con un motor inagotable y una apariencia que no modifica lo básico para conservar toda la frescura del diseño original. La V7 III se ofrece en diferentes versiones y una de ellas es la llamativa Carbon, donde el negro, no podía ser de otra forma, cobra un protagonismo esencial, así como otras piezas como las tapas de cilindros, parte de los logos y la pinza de freno anterior pintados en un rojo intenso.

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Como sucede con Moto Guzzi, Triumph también se ha inspirado en motos de su propio catálogo para dar vida a la Street Twin, una moto tan redonda que difícilmente podría decirse que deriva de un modelo de los años duros, en los que motociclistas «rebeldes sin causa» rodaban por el asfalto de Londres marcando el territorio con sus parejas de escapes abiertas. Hoy la versión del «inadaptado social» se ha desplazado a otros segmentos por lo que se podría decir que una Bonnie tiene más y mejor salud que nunca en pleno siglo XXI. Buena prueba de ello es esta deliciosa Street Twin; deliciosa en todos los sentidos, como bien comprobaremos a sus mandos en breve.

No es la última de la fila, pero sí pertenece a un país más lejano aún. Sin embargo, Yamaha se ha hecho valer de diseñadores de otros lares para dar a luz a la saga XSR. Así, la corriente Faster Sons de la firma de los diapasones ha logrado aunar dos conceptos clave para disfrutar de una moto. Por un lado, un aspecto inspirado en las Yamaha de generaciones primigenias y, por otro, carácter deportivo. Como se ve, todas coquetean con «lo vintage», pero cada una busca y encuentra una inspiración que recuerda viejos tiempos de catálogos impresos con tintas algo lavadas por el paso del tiempo.

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Italiana de orígen americano.

Todos conocemos el origen de la corriente scrambler, motos con tendencia a rodar por caminos de tierra cuando la moto de trail actual todavía no había nacido. Si montás a una moto rutera con suspensiones largas, ruedas con tacos para conseguir mayor agarre y un manillar ancho para tener un mayor control sobre terrenos resbaladizos, tendrás como resultado una moto como las de la saga Scrambler de Ducati. No todos los parámetros se cumplen al pie de la letra en nuestra Match 2.0, porque alguna otra de la familia lleva dicho concepto a cotas más elevadas. Nuestra multicolor Scrambler prefiere beber de las fuentes del flat track americano, con colores inspirados en las carreras de dicha especialidad en los EE.UU. de los vertiginosos años 60 y 70. Todo esto es la «teoría de la estética» pero, ¿cómo va en marcha la Scrambler Match 2.0? Si tenés en cuenta que el corazón de la multicolor italiana está retomado de la vitrina de los propulsores de dos válvulas y refrigeración líquida, ya tenemos parte del carácter adquirido. La versión Euro4 ha suavizado su comportamiento con una entrega de potencia francamente suave abajo. Sentados a sus mandos es fácil ser felices, descubriendo lo bien que le sienta a este motor una estirada de vez en cuando. Los 73 CV declarados convierten a la Scrambler en una moto ratonera, con pegada y muy fácil de cambiar de dirección o detenerla en pocos metros. Una vez más, Brembo obra maravillas en una moto de aspecto masivo, o no tanto, porque sus neumáticos con taco plano parecen querer darle mayor presencia y peso, lo que no es cierto en absoluto. Goza de una salud excelente en el ámbito dinámico, con motor y parte ciclo muy «solidarios», armónicamente casi perfectos y preparados para disfrutar de una ruta a velocidades legales o rodar en caminos sinuosos haciendo sonrojar a más de un piloto a los mandos de su deportiva. La estirada del bicilíndrico de aire es muy alegre y los frenos se encargan de colocar la moto justo donde quieras. Además, resulta interesante comprobar cómo trabajan las suspensiones con 150 mm de recorrido en ambos ejes. No se resisten a nada y siempre cumplen con el tacto que se espera de una moto comprometida un poco con todo tipo de conducción. La posición no invita precisamente a pilotar de forma decidida, pero el mero hecho de que puedas hacerlo indica mucho sobre la procedencia de sus genes. Tal vez queden las piernas un tanto flexionadas para los de tallas superiores al 1,75 metros de altura. No obstante, el asiento resulta algo alto debido, en parte, a un mullido tirando a generoso. Ahora bien, al probar cómo llegaría a responder fuera de la ciudad, la sorpresa llegó al mostrarse divertida, ágil, descarada cuando se la exige. La Scrambler Match 2.0 ofrece más expectativas de las que se pueden formular antes de subirse. Un trabajo bien hecho.

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Clásica y exclusiva.

Los motivos que llevan a la otra italiana a pensar en ella son diferentes. Ese descaro deportivo no entra en los planes de nuestra negrísima Moto Guzzi. Ahora bien, es difícil negarle el protagonismo a una moto tan bella y evocadora como esta Carbon en la que el carbono es protagonista junto con el contraste del negro con el rojo de ciertas piezas de su «anatomía»; hasta los escapes se muestran en un negro mate cargado de carácter. El mero hecho de equipar a esta V7 III con una pareja de amortiguadores traseros estándar, con precarga de resorte como único ajuste, nos da a entender que se trata de una moto donde la presencia lo es casi todo. Su manillar alto y la posición de los estribos baja y centrada dan como resultado una conducción relajada al máximo. Las habituales vibraciones del Vtwin son ya una «marca de la casa» a bajo régimen. No es más que el pulso de un motor clásico, pero muy vivo y repleto de personalidad. No encontrarás otro como él fuera de su catálogo, como tampoco verás otra V7 III Carbon más allá de las 1.921 unidades producidas, justo el año en el que nació la firma del águila. Lejos de hacer apología del purismo, no deja de ser un placer rodar a sus mandos. El cardan, de aspecto retro pero bastante mejorado respecto a los viejos Le Mans, Lario y demás, parece querer llevarse bien con el cambio de recorrido justo y preciso. Así, no resulta descabellado subir marchas a medio régimen sin usar el embrague. Incluso en estas condiciones, sigue siendo una delicia. La retención al cortar gas es otro de esos comportamientos característicos que no se olvidan después de subir a una Moto Guzzi. Al abrir de nuevo, las reacciones son, como dijimos, bastante más amortiguadas que décadas atrás, a lo que hay que añadir la inclusión del control de tracción en dos niveles y con la opción de desconectarlo de manera muy sencilla. El cuadro está situado en una única esfera sobre la piña derecha y permite la visualización en el pequeño display digital.

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Visión británica y japonesa.

Las dos protagonistas de la comparativa que nos quedan por probar han demostrado ser las más equilibradas del conjunto. Son aquellas que muestran un rendimiento más estable en todo tipo de situaciones. Si bien hablábamos de la Scrambler como una moto «delicada» con temperaturas elevadas y velocidad de rodaje escasa, tanto la Triumph como la Yamaha han demostrado ser realmente camaleónicas. De la Street Twin no deja de sorprendernos lo bien que conjuga su extraordinaria presencia «Bonnie réplica» con un comportamiento dulce si lo necesitás, o más atrevido si te apetece subir de vueltas el twin paralelo. Todo ello acompañado por un sonido ronco, firme, avasallador… precioso. La variedad cromática es suficiente como para elegir la que más guste pero, sea cual sea, allí estarán las pipas de bujía, réplica de aquellas NGK de plástico duro que se veían allá por los años 80. A los mandos de la Street Twin nada queda forzado. Tal vez no le hubiera venido mal bajar un pelo la altura de los estribos, pero en ese caso perderíamos parte de la distancia libre al suelo, suficiente como para dibujar con confianza amplios curvones o tirar hacia el interior en ángulos. La moto reacciona sin ofrecer gran resistencia y siempre, en cualquier situación, empujará su motor al más leve giro del puño derecho. Dulce y prodigioso. Pero tal vez la más predispuesta a romper las barreras de lo establecido como correcto es la Yamaha.

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Nada más arrancar, el ronroneo de su motor no parece augurar lo que te espera al meter primera y abrir gas. Si la estirás ya te podés agarrar bien al manillar, porque la rueda delantera querrá despegar del suelo «como si nada». Es la herencia MT que no esconde en absoluto, pese a que la estética de las «viejas» XS se encuentra muy arraigada en esta XSR. Parece lógica la acción de añadir una R al nombre original de aquellas Yamaha 2T deportivas. Tan ágil como necesites, lo alto de su manillar es definitivo para mantener bajo control a esta 700. Los pies quedan algo atrasados y no resulta difícil tocar con los largos topes de los estribos rodando sobre asfaltos de confianza. Esta XSR sufre de un tacto de suspensiones excesivamente blando, si aprovechás el motor. Sin embargo, si simplemente vas de paseo, es exquisito. En realidad, es el objetivo de las cuatro, pero alguna que otra no esconde su vena sport, independientemente del estilo vintage que quiera ofrecer «puertas para fuera».

chiquita yamaha

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