Álex Crivillé: El primer campeón español de 500cc que abrió el camino
Recorremos la historia de Álex Crivillé, el primer campeón de 500cc español.

Antes de Marc Márquez, antes de Jorge Lorenzo, antes incluso de que los pilotos españoles dominaran el Mundial como si fuera su patio, hubo un tipo que abrió la puerta con la fuerza de una Honda NSR500 a 300 km/h. Su nombre: Álex Crivillé. Y su historia es la de un pibe que empezó en un equipo familiar y terminó siendo el primer campeón del mundo de 500cc de su país.
No es un detalle menor: cuando Crivillé levantó el trofeo en 1999, nadie en España había logrado lo mismo en la categoría reina. Lo que vino después —la era de los españoles en MotoGP— tiene su primer capítulo acá.
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Los inicios: Crivillé Team, una familia contra el mundo
La historia empieza en Chiva, Valencia, con un equipo que llevaba el apellido de la familia. El Crivillé Team no era un imperio con millones de dólares: era un grupo de locos que creía en un pibe de 14 años que corría contra pilotos con mucho más respaldo.

Álex debutó en el Mundial en 1987, con una Derbi de 80cc que apenas llegaba a los 160 km/h. No ganó esa primera temporada, pero dejó señales de que tenía algo especial. El talento estaba, eso era obvio. Lo que no se veía todavía era la constancia que lo llevaría a la cima.
En 1989 llegó su primera victoria en 125cc. Y no paró más: seis triunfos en la categoría pequeña, luego el salto a 250cc, donde también ganó carreras. Pero el verdadero desafío estaba en los 500cc, la categoría de los hombres.
El ascenso a 500cc: Honda y la sombra de Doohan
En 1992, Crivillé debutó en 500cc con Honda. La fábrica japonesa ya tenía a su estrella indiscutida: Mick Doohan, el australiano que dominaba con mano de hierro. Para Crivillé, eso significó años de ser segundo piloto, de aprender viendo cómo otro ganaba los campeonatos.
Pero no se quedó quieto. Entre 1992 y 1998, acumuló experiencia, podios y algunas victorias sueltas. La más recordada: su primer triunfo en 500cc en 1996, en el Circuito de Cataluña, delante de su gente. Ese día, el público español entendió que tenían un candidato real.
Y no termina ahí. La temporada 1998 fue un aviso de lo que venía: cuatro victorias, segundo lugar en el campeonato detrás de Doohan. La prensa internacional empezó a hablar del «español que podría romper la hegemonía australiana».
1999: el año que cambió todo
La temporada 1999 arrancó con una noticia que cambió el panorama: Mick Doohan se lesionó gravemente en Jerez y nunca más corrió al máximo nivel. De un día para el otro, Crivillé pasó de ser escudero a ser el líder del equipo Honda.

Y respondió como los grandes.
Ganó en Sudáfrica para arrancar el campeonato. Luego en España, en casa, con el público enloquecido. Sumó victorias en Italia, Cataluña y Australia. Cuando llegó la última carrera en Argentina (sí, en nuestro suelo), ya tenía el título asegurado.
Los números de aquella temporada:
- 6 victorias en 16 carreras
- 11 podios en total
- 267 puntos, récord para la época
- Campeón con una carrera de anticipación
El 31 de octubre de 1999, en el Autódromo de Buenos Aires, Álex Crivillé se convirtió en el primer español campeón del mundo de 500cc. Tenía 33 años y 12 temporadas de Mundial en el cuerpo.
La rivalidad con Doohan y los grandes de la época
La carrera de Crivillé no se entiende sin Mick Doohan. Durante años fue su compañero de equipo y su sombra. Doohan ganó cinco campeonatos consecutivos (1994-1998) mientras Crivillé aprendía, sufría y esperaba su momento.
Pero no fue una relación de odio. Al contrario: Crivillé siempre reconoció que aprender al lado de Doohan lo hizo mejor piloto. «Mick me enseñó a ser más agresivo, a no conformarme con un podio cuando se podía ganar«, dijo en alguna entrevista.
Además de Doohan, Crivillé compitió contra leyendas como Wayne Rainey (tres veces campeón antes de su accidente), Kevin Schwantz (campeón en 1993) y Àlex Barros. Era una época dorada del motociclismo, donde los pilotos eran verdaderos gladiadores sin control de tracción ni electrónica que los salvara.
El legado: abriendo el camino para los españoles
Aquí está lo más importante de la historia de Crivillé: demostró que era posible.
Antes de él, ningún español había ganado un campeonato de 500cc. Después de él, llegó una avalancha:
- Àlex Crivillé (1999)
- Valentino Rossi dominó, pero los españoles seguían creciendo
- Jorge Lorenzo (3 campeonatos: 2010, 2012, 2015)
- Marc Márquez (8 campeonatos y contando)
- Joan Mir (2020)
- Pecco Bagnaia (2022, 2023)
- Jorge Martín (2024)
Desde 1999 hasta hoy, los pilotos españoles ganaron 15 de los 26 campeonatos de la categoría reina (500cc/MotoGP). Eso es un dominio absoluto. Y el primer ladrillo lo puso Crivillé.
Como si fuera poco, su estilo de conducción —agresivo, con mucha entrada en curva, sin miedo a la moto— influyó en generaciones posteriores. Marc Márquez, el piloto más exitoso de la historia reciente, creció viendo las carreras de Crivillé.
Datos y curiosidades de una carrera histórica
Carrera completa en números:
- 1987-2001: 15 temporadas en el Mundial
- 194 Grandes Premios disputados
- 15 victorias en 500cc
- 1 campeonato mundial (1999)
- 43 podios en la categoría reina
- 1 victoria en 250cc (1991)
- 6 victorias en 125cc (1989-1990)
Curiosidades:
- Fue el primer español en ganar en las tres categorías: 125cc, 250cc y 500cc
- Su victoria en Australia 1999 fue especial: ganó en tierra de Doohan, demostrando que era el verdadero número uno
- Se retiró en 2001, a los 35 años, por problemas de salud relacionados con las caídas
- Después de retirarse, trabajó como comentarista de TV y embajador de Honda
- En 2015 fue incluido en el Hall of Fame de MotoGP como leyenda del deporte
El hombre que abrió la puerta
Álex Crivillé no es solo un campeón más en la lista. Es el tipo que demostró que los españoles podían ganar en la categoría más difícil del motociclismo mundial.
Su título de 1999 no fue un accidente: fueron 12 años de trabajo, de aprender al lado de los mejores, de esperar su momento. Y cuando llegó, no lo desperdició.
Hoy, cuando vemos a Márquez o a Martín levantando trofeos, es fácil olvidar que hubo un primero. Que alguien tuvo que romper el techo de cristal para que los demás pasaran. Ese alguien fue Crivillé. Y eso lo convierte en mucho más que un campeón: lo convierte en un pionero.


