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Márquez y Misano: la carrera que reordenó la jerarquía en MotoGP

Márquez ganó con la GP23 congelada y Ducati ya no puede frenarlo: la advertencia en Misano

Aragón fue la resurrección, pero Misano era el examen frente a la dueña de su moto. Con la Desmosedici GP23 de Gresini, la misma que usó Pecco Bagnaia para consagrarse en 2023 y que Ducati congeló para los equipos clientes, Marc Márquez llegaba a la doble cita de Misano. Y en esa previa, en el circuito que la casa de Borgo Panigale siente propio, el ocho veces campeón tiró una frase que sacudió al paddock: “Misano es una pista en la que puedo rendir al máximo”.

Para dimensionar por qué pesaba tanto, hace falta mirar el contexto. En 2024, Ducati puso ocho Desmosedici en una grilla de 22 pilotos, repartidas en cuatro equipos. La marca italiana no solo dominaba la temporada: administraba la pelea por el título entre Bagnaia y Jorge Martín, mientras Márquez, con la especificación anterior, asomaba como el tercer nombre capaz de romperles los planes. En ese tablero, la declaración del español no era una frase hecha: era un mensaje político.

La GP23, la moto que Ducati congeló

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Ducati llegó a 2024 con dos motos que eran, al mismo tiempo, casi la misma y bastante distintas. La GP23 había sido la Desmosedici con la que Bagnaia se coronó campeón en 2023. La GP24 fue su evolución, con refinamientos de motor, aerodinámica y electrónica para sostener el dominio. Esa GP24 quedó para el equipo oficial Ducati Lenovo y para Pramac Racing, el equipo con el que Jorge Martín peleaba el título. Gresini y el VR46, el equipo de Valentino Rossi, siguieron con la GP23, sin desarrollo durante la temporada.

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Márquez manejó la moto congelada. Su compañero de box fue su hermano Àlex Márquez, también con la GP23. Sobre el papel, arrancaba un escalón por detrás de Bagnaia y de Martín. Pero una semana antes se había encargado de demostrar que no necesitaba la última evolución para ganar: en MotorLand Aragón, el español volvió al triunfo después de casi tres años de sequía.

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Esa victoria fue la confirmación de una apuesta que muchos leyeron como una locura. A fines de 2023, Márquez decidió dejar el equipo de fábrica de Honda para irse a Gresini, una estructura independiente dirigida por Nadia Padovani, la viuda del fundador Fausto Gresini. El objetivo no era tener la moto más nueva: era volver a sentir confianza. Gresini, con dos GP23 para los hermanos Márquez, se metió de lleno en la pelea que hasta ahí parecía reservada para los oficiales.

Misano, el circuito que le juega a favor

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Misano no es el circuito más rápido del calendario, pero es de los más exigentes. El trazado de 4,2 kilómetros tiene 16 curvas, la mayoría a la derecha, y exige frenar fuerte, girar con el tren delantero y buscar la trazada curva tras curva. Si mirás el historial de Márquez, aparece un patrón: en Misano ganó tres veces en MotoGP con Honda (2014, 2019 y 2021). La última, la del GP de Emilia-Romaña 2021, fue justamente el triunfo que cerró su etapa de gloria antes de la larga sequía.

Por eso, cuando el calendario de 2024 puso dos fechas seguidas en el mismo circuito, Márquez entendió que la chance era perfecta. La primera, el Gran Premio de San Marino, se corría una semana después de Aragón. La segunda, el Gran Premio de la Emilia-Romaña, quince días más tarde. Dos domingos para mostrar si podía sostener su promesa en el circuito donde todo había empezado a complicarse.

Del brazo roto en Jerez a la resurrección

La lesión de Márquez en julio de 2020, en la primera cita de la temporada en Jerez, fue el punto de quiebre. Una fractura en el brazo derecho, varias operaciones y una recuperación eterna que lo dejó afuera durante meses. Cuando volvió, la Honda RC213V ya no era la moto que dominaba MotoGP. El ocho veces campeón acumuló caídas, más lesiones y un calendario gris que profundizó la distancia con la fábrica japonesa.

La relación con Honda se rompió del todo en 2023. Márquez pedía una moto que girara y la RC213V no le daba respuestas. El pase a Gresini fue una decisión radical, y la apuesta funcionó antes de lo esperado. En septiembre de 2024, en Aragón, llegó la primera victoria con la GP23. Y una semana después, en la previa de Misano, llegó la frase que todos esperaban: la confirmación de que el piloto que dominó la categoría estaba otra vez entero.

Qué significaba “rendir al máximo”

En el argot de MotoGP, “rendir al máximo” no es un lugar común. Quiere decir sostener el límite durante toda la carrera, vuelta tras vuelta, sin errores y sin que la moto te pase factura a mitad de distancia. Con la Honda, Márquez no podía: su estilo de frenada y entrada en curva chocaba contra una moto que no le daba confianza. Con la GP23, volvió a sentir que podía exigirle al límite sin miedo a terminar en el piso.

La declaración fue, entonces, mucho más que un pronóstico. Márquez eligió el circuito de la casa de Ducati para avisarles a Bagnaia y a Martín que estaba de vuelta. En el paddock, la frase se repitió como una de las más fuertes de la semana. No hizo falta explicarla.

El plan para 2025 ya estaba cerrado: Márquez pasaría al equipo oficial Ducati Lenovo, con la GP25 y con Bagnaia como compañero. Pero antes de ese futuro, tenía dos carreras en Misano para confirmar que el presente ya era suyo. El circuito que lo vio festejar su último triunfo con Honda era, otra vez, el escenario justo para demostrar que la recuperación no había sido una casualidad.