La decisión de incorporar una mecánica ya probada no es caprichosa y responde a que Gilera apostó por un motor que conoce muy bien y que, según la marca, no ha reportado problemas por lo que confían en su robustez y durabilidad.

Se trata de un monocilindrico de 223 cc, bastante cuadrado en las dimensiones del cilindro (65,5 mm diámetro x 66,2 mm carrera), OHC de 2 válvulas, carburado, arranque solo eléctrico y refrigerado por aceite. Con 17,7 CV de potencia y 17,2 Nm de par a 6.000 rpm despliega la mejor de sí en el final del cuentavueltas, con una respuesta para nada despreciable en bajos y medios.

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Es un motor que quizá resigna algo de prestaciones pero que devuelve una suavidad de funcionamiento que habla por sí mismo de un estudiado balanceo interno y una correcta puesta a punto. Las contenidas vibraciones, por tratarse de un “mono” de origen chino, avalan lo antedicho; haciéndose solo presentes y sin ser escandalosas a altas rpm. En este sentido, y aunque en Gilera no nos lo confirmaron, se percibe una mejor aislación de las vibraciones que en las VC (naked y deportiva), seguramente gracias a mejorados puntos de apoyo del motor.

Recordemos que esta Gilera AC4 encuentra su ámbito natural en la ciudad y el perfil de usuario al que se apunta con este producto no está detrás de prestaciones deportivas. Dicho esto, la velocidad final está en el orden de los 115 km/h y la consigue con relativa facilidad gracias al correcto escalonamiento de su caja de 6 marchas de corto y preciso accionamiento. En cuanto a consumo, registramos una media de 4 lts para recorrer los 100 km, lo que redondea una autonomía muy superior a los 300 km gracias a su tanque de 15,5 lts.

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Esta entrada ha sido publicada el 7 julio, 2020 17:00